
La Nueva Gestión Pública (NGP), es un fenómeno que, desde 1980, se ha constituido poderosamente como el eje toral del cambio y la modernización de las administraciones públicas a nivel mundial.
La propuesta de este modelo implica hacer un redimensionamiento del Estado, poniendo énfasis en la eficiencia, eficacia y productividad a través de la utilización de herramientas tecnologías propias de la gestión privada en el ámbito de las organizaciones públicas. Esto implica la racionalización de estructuras y procedimientos, el mejoramiento de los procesos de toma de decisiones e incrementar la productividad y la eficiencia de los servicios públicos.
Este conjunto de iniciativas, aplicables a todo tipo de organizaciones y caracterizadas por la mejora de la calidad de los servicios públicos que el Estado ofrece a los ciudadanos, implica una serie de reformas en el sector público para su implementación.
En México se desarrollaron una serie de reformas institucionales con el propósito de dinamizar y fortalecer el quehacer gubernamental en la actual administración. Así, en mayo de 2008 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma constitucional en materia de gasto público y fiscalización, la cual forma parte de la Reforma Hacendaria por los que Menos Tienen, que fue aprobada por el H. Congreso de la Unión en 2007.
Uno de los pilares estratégicos de esta Reforma tiene que ver con la adecuación y reorientación del marco presupuestario y el ejercicio del gasto público. Es este principio en el que se establecen las bases para un ejercicio mucho más transparente del gasto con una orientación hacia el logro de resultados verificables y tangibles.
Con base en lo anterior, la Gestión para Resultados (GpR) en México, como modelo de cultura organizacional, directiva y de desempeño institucional, pone más énfasis en los resultados que en los procedimientos. Aunque interesa cómo se hacen las cosas, cobra mayor relevancia qué se hace, qué se logra y cuál es su impacto en el bienestar de la población; es decir, la creación de valor público.
En este sentido, la GpR busca:

En este contexto, se han sentado las bases para implementar y consolidar el Presupuesto basado en Resultados (PbR) y el Sistema de Evaluación del Desempeño (SED). Esto ha permitido una mejor planeación estratégica, vinculando los programas presupuestarios con objetivos estratégicos superiores y haciendo adecuaciones en la estructura programática.
El Presupuesto basado en Resultados (PbR) es el proceso que integra de forma sistemática consideraciones sobre los resultados y el impacto de la ejecución de los programas presupuestarios y de la aplicación de los recursos asignados en la toma de decisiones. Lo anterior, con el objeto de entregar mejores bienes y servicios públicos a la población, elevar la calidad del gasto público y promover una más adecuada rendición de cuentas.

El PND es el documento que establece los ejes de política pública a partir de los cuales se determinan los objetivos nacionales, las metas y las estrategias que rigen la acción del gobierno.
El Sistema de Evaluación del Desempeño (SED) es un componente clave del PbR, ya que permite la valoración objetiva del desempeño de los programas y las políticas públicas a través del seguimiento y verificación del cumplimiento de metas y objetivos, con base en indicadores estratégicos y de gestión para:
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1. |
Conocer de manera transparente los resultados del ejercicio de los recursos y el impacto social de los programas. |
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Identificar la eficacia, eficiencia, economía y calidad del gasto. |
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3. |
Mejorar la calidad del gasto mediante una mayor productividad y eficiencia de los procesos gubernamentales, propiciando mayor rendición de cuentas. |
El SED se encuentra fundamentado en la Fracción 51, del artículo 2 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, y ha sido una pieza fundamental para determinar el valor público que están generando los programas del gobierno en la sociedad, a través de las distintas evaluaciones expuestas en el Programa Anual de Evaluación (PAE).